Mi perro no se aguanta de las patas traseras: causas y soluciones
Cuando un perro intenta levantarse y las patas traseras se abren, tiemblan o ceden bajo su peso, puede existir un problema articular, muscular o neurológico. También es posible que conserve la fuerza, pero evite apoyar debido al dolor.
La forma en que comienza la dificultad resulta especialmente importante. Un deterioro progresivo durante varias semanas puede relacionarse con artrosis, pérdida muscular o enfermedades degenerativas. En cambio, si el perro deja de sostenerse de repente, arrastra las extremidades o pierde el control de la orina, necesita atención veterinaria inmediata.
¿Cuándo es urgente que un perro no pueda sostenerse?
Acude a un centro veterinario con rapidez si observas alguno de estos signos:
- Ha dejado de caminar de forma repentina.
- No puede mover una o ambas patas traseras.
- Arrastra completamente las extremidades.
- Manifiesta dolor intenso o grita al tocarle la espalda.
- El problema apareció después de una caída, golpe o atropello.
- Pierde el control de la orina o no consigue orinar.
- La debilidad avanza en cuestión de horas.
- También comienzan a fallarle las patas delanteras.
- Presenta dificultad respiratoria, desorientación o pérdida de consciencia.
La extrusión aguda de un disco intervertebral es una causa frecuente de pérdida repentina de fuerza o parálisis de las extremidades posteriores. Cuando los signos neurológicos progresan o el perro deja de caminar, una valoración temprana puede ser determinante para el pronóstico.
Hasta llegar al veterinario, evita que camine, salte o utilice escaleras. Si sospechas una lesión de columna o ha sufrido un traumatismo, trasládalo manteniendo el cuerpo lo más estable posible.
Señales de debilidad en las patas traseras
No todos los perros presentan una parálisis evidente. El problema puede comenzar con cambios discretos en la forma de levantarse o caminar:
- necesita varios intentos para incorporarse;
- se impulsa principalmente con las patas delanteras;
- se resbala al ponerse de pie;
- camina con pasos cortos o rígidos;
- pierde el equilibrio al girar;
- cruza las extremidades posteriores;
- desgasta las uñas por arrastrarlas;
- apoya el dorso de los dedos;
- tiembla mientras permanece de pie;
- evita escaleras, saltos o paseos largos;
- deja una pata trasera sin apoyar;
- pierde musculatura en uno de los muslos.
Grabar un vídeo mientras se levanta, camina en línea recta y gira puede ayudar al veterinario a valorar el patrón de movimiento. No conviene obligarlo a caminar si se cae, muestra dolor o empeora con cada paso.
¿Por qué mi perro pierde fuerza en las patas traseras?
La expresión «no tiene fuerza» puede describir problemas diferentes. En algunos perros predomina el dolor; en otros existe debilidad muscular, inestabilidad de una articulación o falta de coordinación causada por una alteración nerviosa.
Artrosis en perros: dificultad para levantarse después de descansar
La artrosis produce dolor, rigidez y una reducción progresiva de la movilidad. Es frecuente que el perro esté más rígido durante los primeros pasos después de dormir y que mejore ligeramente tras comenzar a moverse.
También puede:
- evitar subir al coche;
- caminar más despacio;
- negarse a utilizar escaleras;
- sentarse durante el paseo;
- perder musculatura;
- resbalar sobre baldosas o parqué.
Aunque afecta especialmente a perros mayores, no debe considerarse una consecuencia normal e inevitable del envejecimiento. Puede aparecer como resultado de displasia, lesiones de rodilla, inestabilidad articular o traumatismos anteriores.
Displasia de cadera y dolor en el tren posterior del perro
La displasia de cadera se caracteriza por un desarrollo anormal de la articulación coxofemoral. La laxitud articular puede favorecer inflamación, dolor y artrosis secundaria. Puede afectar tanto a perros grandes como a ejemplares de menor tamaño, aunque es más habitual en razas grandes.
Algunas señales compatibles son:
- dificultad para incorporarse;
- balanceo de la parte trasera;
- pasos cortos;
- carrera moviendo las dos patas posteriores a la vez;
- resistencia a subir escaleras;
- menor tolerancia al ejercicio;
- dolor al extender las caderas.
Estos signos no bastan para confirmar una displasia. El diagnóstico requiere exploración veterinaria y, habitualmente, pruebas de imagen.
Lesión del ligamento cruzado y problemas de rodilla del perro
Cuando falla principalmente una extremidad, el origen puede estar en la rodilla. La enfermedad del ligamento cruzado craneal es una de las causas principales de cojera de la pata trasera en perros y puede aparecer por un traumatismo o por una degeneración progresiva del ligamento.
El perro puede:
- dejar una pata levantada;
- apoyar solo la punta;
- sentarse con la extremidad desplazada hacia un lado;
- cojear después de correr o girar;
- mostrar inflamación alrededor de la rodilla;
- perder musculatura en un muslo.
No debe colocarse una rodillera únicamente porque «le falla una pata». Antes es necesario distinguir entre lesión de ligamento, luxación de rótula, dolor de cadera, artrosis o afectación neurológica.
Hernia discal y otras alteraciones neurológicas en perros
Un problema en la médula espinal o en los nervios puede impedir que el perro coloque correctamente las extremidades, aunque todavía sea capaz de moverlas.
Algunas señales que orientan hacia una alteración neurológica son:
- patas traseras que se cruzan;
- apoyo sobre los nudillos;
- uñas desgastadas por arrastre;
- pérdida de equilibrio;
- movimientos descoordinados;
- disminución o ausencia de movimiento;
- incontinencia urinaria o fecal.
Las enfermedades de los discos intervertebrales pueden causar dolor de espalda, debilidad, marcha descoordinada o parálisis. La gravedad depende de la localización y del grado de afectación de la médula.
Otra posibilidad es la estenosis lumbosacra, que comprime las raíces nerviosas de la parte baja de la columna. Puede ocasionar dolor lumbar, dificultad para utilizar las patas posteriores, debilidad de la cola, pérdida muscular e incontinencia.
Mielopatía degenerativa en perros mayores
La mielopatía degenerativa provoca una pérdida progresiva de coordinación y fuerza en el tren posterior. En sus primeras fases suele apreciarse balanceo, desgaste de las uñas, colocación incorrecta de las patas y dificultad para girar.
A diferencia de muchos problemas articulares, inicialmente puede no existir dolor evidente. Sin embargo, sus síntomas se parecen a los de otras enfermedades de la columna, por lo que el diagnóstico requiere descartar causas tratables.
Traumatismos y lesiones musculares
Una caída, un salto mal apoyado, un atropello o un choque durante el juego pueden provocar:
- fracturas;
- luxaciones;
- lesiones de rodilla;
- roturas musculares o tendinosas;
- daño vertebral;
- lesiones de nervios periféricos.
El traumatismo es una causa habitual de parálisis repentina de una extremidad. La ausencia de una herida visible no descarta una lesión interna importante.
Pérdida muscular y enfermedades generales
La debilidad también puede proceder de una reducción de masa muscular por inactividad, exceso de peso, edad avanzada o recuperación prolongada después de una intervención.
Cuando fallan las cuatro extremidades o aparecen cansancio, cambios de peso, sed excesiva, temblores o intolerancia al ejercicio, el veterinario puede investigar enfermedades metabólicas, endocrinas, neuromusculares o alteraciones generales mediante análisis y otras pruebas.
Qué hacer si mi perro no se sostiene de pie
Evita los suelos resbaladizos
Coloca alfombras o pasillos antideslizantes entre la cama, el comedero y la salida de casa. Una alfombra aislada no será suficiente si el perro debe atravesar después una zona de baldosas o parqué.
También conviene mantener las uñas cortas y recortar el exceso de pelo entre las almohadillas para mejorar el contacto con el suelo.
Reduce escaleras, saltos y giros bruscos
Hasta conocer el diagnóstico, evita:
- subir o bajar escaleras;
- saltar del sofá o del coche;
- correr detrás de pelotas;
- jugar con frenadas y cambios de dirección;
- caminar por terrenos inestables;
- alargar el paseo para comprobar si mejora.
Forzar la actividad puede aumentar el dolor o empeorar determinadas lesiones articulares y neurológicas.
Ayúdalo a levantarse sin tirar de las patas
Para una asistencia puntual puede emplearse una toalla ancha bajo la pelvis, evitando presionar los genitales o concentrar toda la carga sobre el abdomen.
Cuando necesita ayuda varias veces al día, un arnés de soporte para las patas traseras permite controlar mejor cuánto peso se descarga. Puede facilitar acciones cotidianas como levantarse, salir a orinar o recorrer distancias cortas.
El objetivo es acompañar el movimiento. El perro no debe quedar suspendido ni ser arrastrado hacia delante.
No administres analgésicos humanos
Medicamentos como ibuprofeno, naproxeno o paracetamol pueden ser tóxicos para los perros o interferir con el tratamiento veterinario. Tampoco deben iniciarse masajes, estiramientos o ejercicios de rehabilitación sin saber qué estructura está afectada.
Cómo ayudar a caminar a un perro con las patas traseras débiles
Las ayudas ortopédicas pueden mejorar la seguridad y facilitar actividades concretas, pero deben seleccionarse según el diagnóstico.
Arnés de soporte para patas traseras
Está indicado para sostener parte del peso del tren posterior y ayudar al perro durante desplazamientos cortos.
Puede resultar útil en casos de:
- artrosis;
- debilidad muscular;
- recuperación posoperatoria;
- movilidad reducida;
- determinadas enfermedades neurológicas;
- perros mayores que necesitan ayuda para incorporarse.
Debe permitir ajustar la altura de las asas y permanecer estable sin rozar las ingles ni presionar el abdomen.
Soporte de cadera para perros
Un soporte de cadera aporta compresión alrededor de la pelvis y puede ayudar a controlar determinados movimientos. Su utilidad depende del origen del dolor, del ajuste y de la tolerancia del animal.
No sustituye la atención urgente cuando existe parálisis repentina, una fractura, una luxación o sospecha de compresión medular.
Rodillera para perros
Una rodillera puede proporcionar estabilidad y limitar ciertos movimientos en problemas concretos de la articulación. Para elegirla correctamente es necesario conocer:
- qué rodilla está afectada;
- el tipo de lesión;
- el grado de inestabilidad;
- el peso y nivel de actividad;
- las medidas de la extremidad.
Una ortesis mal colocada puede desplazarse, rozar la piel o modificar el apoyo de forma inadecuada.
Rampas y soluciones antideslizantes
Las rampas reducen la necesidad de saltar para entrar en el coche o superar pequeños desniveles. Deben tener una superficie adherente y una pendiente que el perro pueda recorrer sin perder el equilibrio.
Los calcetines o protectores antideslizantes pueden mejorar la tracción dentro de casa, aunque no corrigen la enfermedad causante de la debilidad.
¿Puede un perro recuperar la fuerza en las patas traseras?
La recuperación depende de la causa, la gravedad y el tiempo transcurrido antes de iniciar el tratamiento.
Un perro con artrosis o pérdida muscular puede mejorar al controlar el dolor, adaptar el ejercicio y seguir un programa de rehabilitación. Algunas lesiones de rodilla o columna requieren cirugía. Las enfermedades neurológicas progresivas necesitan medidas de apoyo destinadas a mantener la autonomía y evitar caídas.
Los arneses, ortesis y adaptaciones domésticas pueden facilitar la movilidad, pero no reparan por sí solos una fractura, un ligamento roto o una compresión de la médula espinal.